Cada 4 de febrero, el Día Mundial contra el Cáncer invita a reflexionar no solo sobre las cifras y los avances clínicos, sino también sobre las condiciones sociales, territoriales y culturales que influyen en la prevención, detección y tratamiento de esta enfermedad. Tal como señala la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), el cáncer sigue siendo una de las principales causas de muerte en la región, y una parte significativa de esos casos podría prevenirse o detectarse de manera temprana si existieran estrategias más accesibles, equitativas y centradas en las personas.

En este contexto, el diseño; entendido como una disciplina capaz de articular tecnología, experiencia usuaria, comunicación y sistemas, comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en el ámbito de la salud pública. Desde el diseño de servicios hasta el desarrollo de herramientas digitales, diversos proyectos están explorando cómo mejorar la experiencia de atención, reducir brechas de acceso y optimizar procesos clínicos complejos. Uno de estos casos es el trabajo liderado por Alberto González, académico de la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Dr. Mauricio Cuello, profesor titular de Ginecología UC, en colaboración con equipos médicos y científicos.
Un proyecto interdisciplinario para la detección temprana del cáncer cervicouterino
El proyecto recientemente adjudicado en el I Concurso Público del Fondo Nacional del Cáncer aborda una problemática concreta y persistente: el cáncer cervicouterino continúa siendo una de las principales causas de muerte prevenible en mujeres en Chile, especialmente en aquellas que enfrentan barreras estructurales para acceder a controles ginecológicos periódicos. A pesar de que existen métodos de tamizaje efectivos y que esta patología está cubierta por garantías explícitas de salud (GES), el sistema presenta limitaciones en términos de cobertura efectiva, oportunidad diagnóstica y equidad territorial.

La iniciativa propone validar un modelo de detección y priorización diagnóstica que combina autotoma molecular ampliada —para detección de virus del papiloma humano (VPH), infecciones de transmisión sexual y disbiosis vaginal— con colposcopía digital portátil, integrando herramientas de telemedicina y con proyección futura hacia el uso de inteligencia artificial. El foco está puesto en mujeres de 30 años o más, grupo en el que el riesgo de persistencia viral y progresión a lesiones de alto grado es mayor.
Desde el diseño, el proyecto no se limita a la interfaz de una herramienta digital, sino que aborda el sistema completo: la experiencia de la usuaria, los flujos de atención en centros de salud, la capacitación de personal no especialista y la gestión de información clínica. En ese sentido, el diseño actúa como un puente entre el conocimiento médico y las realidades cotidianas de quienes deben interactuar con el sistema de salud.
Diseño centrado en las personas y en el territorio
Uno de los aspectos centrales del proyecto es su énfasis en la equidad territorial. La implementación se realizará en cinco centros de salud con realidades diversas, incluyendo la red UC-Christus, un CESFAM en Puente Alto y hospitales públicos en Coquimbo, Talca y Coyhaique. Esta diversidad permite evaluar la viabilidad del modelo en contextos urbanos, rurales y de alta vulnerabilidad social, priorizando comunas con baja cobertura de tamizaje y altos índices de pobreza multidimensional.
La autotoma molecular, por ejemplo, no solo se evalúa desde su rendimiento diagnóstico, sino también desde su aceptabilidad y experiencia usuaria. El proyecto contempla encuestas estructuradas para recoger percepciones, niveles de conocimiento y disposición a repetir el procedimiento en el futuro. Este enfoque reconoce que la eficacia de una estrategia de salud pública no depende únicamente de su precisión técnica, sino también de la confianza, comprensión y comodidad de las personas que la utilizan.
Desde la perspectiva del diseño, esto implica trabajar con lenguajes claros, materiales educativos accesibles y procesos que reduzcan la ansiedad asociada a los exámenes y resultados. El diseño se convierte así en una herramienta de alfabetización en salud y de acompañamiento, más que en un mero soporte visual.
Tecnología, datos y futuro escalable
Otro componente relevante del proyecto es la incorporación de colposcopía digital portátil, que permite capturar imágenes clasificadas por riesgo y almacenarlas de forma segura en la nube, vinculándolas a resultados histológicos. Este sistema no solo facilita el diagnóstico remoto y la priorización de casos, sino que también genera un biobanco visual con potencial para la formación clínica continua y el desarrollo futuro de modelos de apoyo diagnóstico basados en inteligencia artificial.
Lejos de duplicar prestaciones existentes, la propuesta busca optimizar y complementar el sistema actual, descongestionando la red de colposcopía y reduciendo los retrasos diagnósticos. En línea con el Plan Nacional del Cáncer 2022–2027, el proyecto se inscribe en el eje de detección precoz y en la promoción de nuevas tecnologías aplicables desde la atención primaria.
Aquí, el diseño cumple un rol estratégico: traducir datos complejos en herramientas comprensibles para equipos clínicos, estructurar flujos de información confiables y pensar soluciones escalables que puedan integrarse al ecosistema digital del sistema público de salud.
MULMO: alimentos bioactivos para aliviar efectos secundarios de tratamientos oncológicos
En paralelo a los esfuerzos por mejorar la detección del cáncer, existen otras problemáticas asociadas al proceso terapéutico que impactan profundamente la calidad de vida de las personas. Una de ellas es la mucositis oral, una inflamación dolorosa del revestimiento de la boca y el tracto gastrointestinal que afecta prácticamente a todos los pacientes que reciben tratamientos de radio y quimioterapia. Esta condición puede dificultar actividades básicas como comer, hablar o hidratarse, e incluso obligar a interrumpir terapias claves.
En este contexto, MULMO surge como una respuesta innovadora e interdisciplinaria: se trata de una línea de alimentos helados bioactivos pensada específicamente para aliviar los síntomas de la mucositis oral. El proyecto surge del proyecto de título de la diseñadora diseñadora Josefa Ponzini, guiado por el profesor José Allard. Posteriormente se incorporaron al proyecto los destacados académicos UC Gloria Montenegro, Alex Vargas acompañados por la antropóloga Sofía Ceresuela y los colaboradores , Rodrigo Diaz, Gabriel Núñez, Yasmín Nair y la heladería “El Toldo Azul”.
Los productos MULMO se elaboran a partir de miel activa de ulmo certificada y extracto de matico, dos ingredientes naturales conocidos por sus propiedades antibacterianas, antiinflamatorias y cicatrizantes, que no solo aportan nutrientes sino que también pueden contribuir al alivio de la mucositis oral y la prevención de sus complicaciones. Estos compuestos han sido utilizados tradicionalmente en contextos de cuidado, pero en el caso de MULMO forman parte de una formulación alimentaria novedosa que busca ser funcional y agradable para su consumo durante un tratamiento oncológico.
Interdisciplinariedad y diseño centrado en la experiencia
Lo distintivo de MULMO es que no se trata solamente de un alimento con propiedades terapéuticas, sino de una solución holística que toma en cuenta aspectos de experiencia, accesibilidad y contexto de uso. La presencia de diseño en el equipo permite pensar no solo en la eficacia de los ingredientes, sino también en cómo las personas interactúan con el producto en momentos de vulnerabilidad física y emocional. Esto incluye la atención a la textura, el sabor, la percepción de alivio y el rol social de un alimento en momentos de tratamiento médico riguroso —aspectos que suelen quedar fuera de los modelos clínicos tradicionales.
El proyecto MULMO fue reconocido con el segundo lugar en Brain Chile 2024, un programa de aceleración de emprendimientos basados en ciencia y tecnología impulsado por la Universidad Católica y Banco Santander, entre más de 300 iniciativas postuladas. Esta distinción no solo valida su potencial científico y de mercado, sino que también destaca la capacidad de soluciones centradas en la experiencia diaria de las personas afectadas por tratamientos oncológicos.
Diseño, intimidad y cáncer de mama: el proyecto Eromar
Más allá de los efectos físicos del cáncer y sus tratamientos, existen dimensiones de la experiencia de la enfermedad que históricamente han quedado fuera del abordaje clínico. Una de ellas es la sexualidad y la intimidad, especialmente en mujeres con cáncer de mama. Diversos estudios muestran que una proporción significativa de sobrevivientes experimenta cambios en su imagen corporal, autoestima y vida sexual tras tratamientos como la mastectomía o la quimioterapia, sin contar con espacios ni herramientas adecuadas para abordar estas transformaciones.

En este contexto se inscribe Eromar, un proyecto desarrollado por la docente Denise Montt-Blanchard junto a los estudiantes José Cueto, Sofía Matus, José Tomás Araneda y Karol Ramírez-Parada que explora cómo el diseño puede facilitar la comunicación sexual y la reflexión personal en mujeres con cáncer de mama. El proyecto fue concebido como una intervención de diseño centrada en la empatía, orientada a visibilizar y abordar una dimensión frecuentemente silenciada del proceso de recuperación.
Eromar consiste en un sistema de cartas interactivas, organizadas en cuatro instancias progresivas, que guían procesos de autoexploración y diálogo en torno a la sexualidad, la intimidad y la relación con el propio cuerpo. Las dos primeras instancias están orientadas a la reflexión individual, mientras que las siguientes promueven conversaciones con la pareja, avanzando gradualmente hacia mayores niveles de apertura emocional e intimidad. El sistema fue co-creado a partir de entrevistas con pacientes, validado con profesionales de la salud oncológica y ajustado mediante procesos iterativos de diseño.
El proyecto surge a partir del reconocimiento de una brecha: aunque la sexualidad es un componente relevante del bienestar y la recuperación, suele quedar relegada por el estigma, la incomodidad social y la falta de recursos específicos. Eromar propone un enfoque distinto, en el que el diseño actúa como mediador, ofreciendo un soporte tangible y estructurado que permite iniciar conversaciones difíciles en un entorno de cuidado y respeto.
Desde el punto de vista del diseño, el valor del proyecto no radica solo en el objeto final, sino en el proceso que lo sustenta: investigación cualitativa, trabajo con usuarias reales, colaboración interdisciplinaria y una atención cuidadosa a aspectos como el lenguaje, la progresión emocional y la diversidad de experiencias. En las evaluaciones realizadas, una alta proporción de las participantes manifestó interés en utilizar la herramienta, reconociendo su potencial para abordar necesidades no cubiertas durante el tratamiento oncológico.
Al igual que otros proyectos que cruzan diseño y salud, Eromar amplía la comprensión de lo que significa cuidar. En este caso, el diseño no busca curar, sino acompañar, habilitar espacios de conversación y contribuir a una recuperación entendida como un proceso integral, que incluye el cuerpo, las emociones, la identidad y los vínculos.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, proyectos como este ponen en evidencia que el diseño puede ser un actor clave en la transformación de los sistemas de salud. No se trata solo de “hacer más amigables” los servicios existentes, sino de repensar cómo se organizan, a quiénes dejan fuera y de qué manera pueden adaptarse a realidades diversas.