Publicado el 25 de enero, 2017

REFLEXIONES | TALLER “PENSAR A TRAVÉS DE OBJETOS”

Categoría(s): Docentes - Investigación - Presentación - Proyecto - Taller - Workshops

Introducción

En el marco de la visita del antropólogo español Tomás Sánchez Criado y del Fondecyt de Martín Tironi (Nº 11140042), el pasado 14 de diciembre del 2017 se realizó el taller titulado “Pensar a través de objetos. Conversaciones cruzadas entre Diseño, Arquitectura y Ciencias Sociales”.

El objetivo de dicha instancia fue reflexionar en torno a cómo nuestros objetos de estudio, ya sea desde el diseño, la arquitectura, la antropología y la sociología, resultan afectados al momento de ser estudiados por los protocolos de aproximación empleados, así como también nos afectan a nosotros mismos como investigadores.

Los múltiples métodos de investigar, intervenir y proyectar no serían agentes neutrales, sino que son constitutivos de lo que percibimos de nuestros objetos. Y de un modo inverso, nuestros objetos de estudio pueden presentar recalcitrancia, resistencia e incluso indiferencia a nuestros modos de acercarnos a ellos, obligándonos a ralentizar nuestras pretensiones y re-orientar nuestras metodologías.

Asimismo, el workshop buscó explorar los desafíos empíricos y teóricos que plantea “pensar a través de objetos” en la producción de conocimiento sobre la vida social. Alejándose de la presunción positivista que pretende una ciencia abocada a la producción de leyes universales y considerando sus métodos como estáticos, el interés del taller fue reflexionar sobre formas de investigación social que articulan, en sus procedimientos y colaboraciones, lo material y lo conceptual, la intervención y la experimentación, como medio de análisis de la realidad estudiada.

Bajo el supuesto de que los métodos y medios de investigación del mundo socio-material no sólo describen realidades “allí afuera”, sino que también contribuyen a la elaboración de formas de realidad, estas fueron algunas de las preguntas que orientaron el taller: ¿Qué repertorios metodológicos son necesarios para hacerse permeable a dimensiones más que humanas, rastreando los procesos inciertos y enredos múltiples que caracterizan nuestra vida social? ¿Cómo incorporamos la agencia de los materiales y métodos desplegados en los procesos de investigación? ¿Qué tipos de saberes encarnados y materializados producen los diseñadores y arquitectos que desafían las formas de producción de conocimiento de las ciencias sociales, y al mismo tiempo, qué saben las cosas y materialidades que los humanos desconocemos?

Para más información sobre el llamado del workshop, ver aquí.

Desarrollo                                              

De este modo, quisimos armar un diálogo interdisciplinario en torno a objetos muy disímiles entre sí, pero que despliegan, todos ellos, una serie de afectos, intereses y modos de abordarlos que nos provocan a pensar con, en o a través de ellos.

El taller comenzó con una pequeña introducción de Tomás Sánchez Criado sobre su experiencia al pasar de hacer un “estudio social de” a desarrollar una mirada más experimental en la que nos dejemos afectar por nuestros objetos de estudio, involucrando a nuestros informantes como colaboradores, problematizando continuamente acerca de los múltiples dispositivos que desplegamos para hablar por estos objetos. En este sentido, los cruces entre disciplinas son clave, no sólo por una defensa corporativa a la interdisciplinariedad, sino también porque permiten concretar colaboraciones experimentales que abren nuevas interrogantes y problemas que de otro modo permanecerían opacadas. Allí aprovechó de ejemplificar esto con su experiencia personal en el Munich Center of Technology in Society, así como a partir de sus problemas para dar clases en una institución que tradicionalmente ha entregado una formación cargada a lo técnico e ingenieril, obligándolo a experimentar con nuevas metodologías de enseñanza más especulativas, probando con prototipos e investigaciones más interventivas. En todo ello, el rol de la documentación de estos procesos se vuelve algo más que instrumental, transformándose en la manera de dejar rastros y permitir nuevas experimentaciones a futuro en contextos diferentes.

Seguido de ello, Pablo Hermansen y Martín Tironi expusieron brevemente algunos aspectos de su investigación con los animales del zoológico metropolitano de Santiago, la que vincula diseño y antropología. Bajo el desafío de diseñar objetos de enriquecimiento ambiental que permitan mejorar las condiciones de vida de los animales en cautiverio, fueron notando cómo los “usuarios” del objeto a diseñar fueron imbricándose afectivamente con los diseñadores, estableciendo una suerte de “intimidad interespecie”. En este sentido, destacaron que lo que mejora la vida física y psicológica de los animales no son sólo las funcionalidades del dispositivo de enriquecimiento ambiental, sino principalmente dicho proceso de intimidad, en el que animales, guardafaunas y diseñadores despliegan sus singularidades. Los prototipos que se diseñaron en el curso fueron fracasando inicialmente, lo que forzó al equipo a testear y adaptarse hacia nuevas funcionalidades y formas más ad hoc con la ecología de los animales. Sería gracias a este diálogo entre los prototipos diseñados y los animales que se irían acogiendo nuevas ontologías dentro del estudio del diseño que van más allá de la intencionalidad humana del diseñador. El prototipado, más allá de su rol clásico de instrumento de prueba, favorecería el despliegue de una ética de respeto mutuo interespecies, lo que dialoga con el programa filosófico de la cosmopolítica.

Por su parte, la diseñadora Ximena Ulibarri reflexionó en torno a un objeto escenográfico llamado el “Retablo de las maravillas”, diseñado para la obra homónima de Cervantes. Para una nueva versión de la obra, un colectivo de diseñadores y actores fue definiendo y co-produciendo una suerte de bicicleta que contaba con un carrito en su parte trasera, en el que se incluyeron tintes del carnaval de Oruro, además de referencias gitanas y rockeras. Este elemento escenográfico sólo adquiere existencia cuando se pone en escena en la obra. A diferencia de otros objetos de estudio, en que por formato y función uno podría evidenciar una suerte de perduración en el tiempo -por ejemplo, las embarcaciones de los Changos se asemejan al kayak contemporáneo- objetos de fuerte carga simbólica como el retablo tendrían una vida fugaz y situada, en la cual el proceso social de su elaboración (la serie de elementos, inspiraciones y testeos) se vuelve tanto o más importante que su propio uso.

Desde otra disciplina, el arquitecto Pedro Alonso nos mostró dos objetos “mínimos” que están en ruinas pero que encarnan hasta hoy una serie de modelos político-económicos y controversias. El primero, un logo de la NASA que se encontraba en una antigua sede que ahora pertenece a una agencia sueca en Chile. A pesar de que la NASA se fue de Chile en 1989, el logo no fue destruido y se ha mantenido con una cierta carga simbólica. El segundo, un panel de hormigón de la KPD de origen soviético que sería el emblema de un innovador método constructivo que fue traído a Chile por Salvador Allende para la construcción de casas prefabricadas. Posteriormente, durante la dictadura de Pinochet, el panel sería objeto de modificaciones, siendo pintado de blanco e incluyendo una imagen de la virgen María. Alonso y sus colaboradores rescatarían el panel y lo llevarían a la Bienal de Venecia como un verdadero monolito de contemplación que manifestaría la ruina de los diferentes proyectos modernistas. Ambos objetos simbolizan cómo la memoria es movilizada a través de estos objetos, y cómo los investigadores terminan siendo solamente cajas de resonancia de la materialidad estudiada, al recuperar y documentar estos elementos en ruinas. La exposición dejó dos sugerentes preguntas: ¿quizá es el panel el que quiere hablar a través de nosotros?, ¿nuestros objetos de estudio nos hacen pensar a nosotros mismos a través de ellos?

Conectado a estas preguntas, la presentación de Soledad Hoces acerca de su aproximación a una agrupación de tejedores en la región del Maule fue atingente. En su búsqueda por contribuir a que este colectivo recuperase su identidad perdida ante tantos formatos de tejidos traídos de afuera y producidos en masa, Soledad armó inicialmente una clase con Power Point para poder responder a la pregunta de cuál era la identidad del colectivo y cuáles eran sus estilos y colores característicos. Esa forma de abordar su objeto (la identidad de las tejedoras) fracasó para bien, pues eso forzó a Soledad a probar nuevas metodologías. Invitó a las tejedoras de manera experimental a que fueran eligiendo los colores de lana que más les gustaba usar, que más representaran al colectivo o que manifestaran ciertas emociones como alegría o tristeza. En el proceso se fue revelando que las tejedoras compartían similares gustos por algunos colores por sobre otros. Esta dinámica, sumamente sorpresiva por cómo resultó, no sólo hizo emerger un colectivo en su plenitud, sino que a la vez lo fue transformando. En palabras de Soledad, permitió que el colectivo se hiciera consciente de sus lazos y gustos comunes, los que cotidianamente pasan desapercibidos. De modo que el contacto de Soledad no sólo hizo emerger ese sentido de pertenencia al colectivo de las tejedoras, sino que también trajo a colación la utilidad de nuevas aproximaciones para la propia investigadora. Tanto el objeto de estudio como la investigadora resultaron modificadas.

Desde otra área, el sociólogo Sebastián Ureta trajo un particular objeto de estudio, una muestra de un relave minero. Su área de interés investigativo en el último tiempo han sido estos gigantescos lugares de desechos de las mineras que ocupan vastos territorios en la Tierra y que, a pesar de ello, pasan inadvertidos y permanecen fuera de la discusión pública acerca de la agencia del hombre sobre el planeta. Esta forma de “Antropoceno chileno” que emerge desde la agencia de los relaves mineros, como la denomina el autor, muestra una forma promiscua de comportamiento, pues se trata de una sustancia que se enreda con otras formas de materia, sin importar las composiciones ni mucho menos la voluntad humana. Por ello, Sebastián ha abordado estas entidades inorgánicas como algo que existe tanto a un nivel micro, con las constantes e indiferentes agencias químicas que lentamente van afectando a nuestro planeta, así como a un nivel macro, invadiendo más rincones de la Tierra. Su reflexión final, entonces, surge a partir de formas útiles para pensar con estas entidades inorgánicas, considerando que no vemos su agencia de forma cotidiana, pero actúan de manera indiferente hacia nuestra mirada. Los relaves se vuelven objetos que se mueven, reaccionan y descomponen la piedra, sin importarles nuestra posición, manifestando una cierta irreducible diferencia entre lo humano y lo no-humano.

La diseñadora Nicole Cristi nos presentó su investigación, realizada junto a la socióloga Javiera Manzi, sobre dos organizaciones que imprimieron afiches de resistencia y denuncia de los crímenes de la dictadura chilena. Por medio de estos objetos gráficos, fueron desenmarañando toda una rica vida social que mezcló agencias gráficas, colectivos demandantes del afiche, tipografías, consignas, imprentas, todo un tejido social que, precisamente al mantenerse unido en torno a la producción de estos objetos, en cierta medida, logró una resistencia a la dictadura. La acción y prácticas gráficas desarrollada en el periodo dictatorial no sólo importan políticamente por los contenidos de los mensajes desplegados, sino también por cómo esas actividades y operaciones gráficas y materiales fueron articulando un tejido experiencial y vivencial fundamental para la resistencia cultural a la dictadura de Augusto Pinochet.

La presentación de Diego Gómez Venegas se centró en el proyecto de tesis Naturaleza ex novo de Adolfo Álvarez Dumont que consiste en la creación de un aparato encuadernado que sirve para registrar, coleccionar y archivar muestras botánicas fuera de los márgenes institucionales. Siguiendo el espíritu del atlas de Claudio Gay, la idea es abrir los registros fuera de los cánones convencionales o expertos mediante el diseño de un objeto que hiciera comprensible el orden de las muestras, buscando una discusión especulativa en torno al papel de los objetos/cosas y especialmente del aparato encuadernado en la construcción de la noción de naturaleza. Durante este proyecto, Diego fue notando como se fueron tendiendo puentes entre la arqueología de medios y la etnografía, mezclando diseño de información con diseño editorial. Estos saberes se fueron retroalimentando al pensar la recolección de la naturaleza, de modo que tanto el diseño del objeto como el objeto mismo desplegado en la naturaleza y su coleccionista se fueron permeando y entrecruzando mutuamente.

Conclusiones y discusión

A pesar de los diferentes objetos de estudio vistos en el taller (entidades moleculares, paneles, dispositivos para chimpancés, afiches en contra de la dictadura, escenarios para obras teatrales, etc.) algo transversal a las presentaciones de los invitados fue que, a pesar de las distancias disciplinarias, el investigar la vida socio-material de estos objetos nos involucra en dicha vida de particulares maneras, compeliéndonos a hacer explícita -siempre parcialmente- una ecología de prácticas, de las cuales el propio investigador, humano e interesado, es parte activa al documentar.

Las diferencias entre disciplinas proyectuales (como el diseño y la arquitectura) e investigativas (como la sociología y el diseño) se vuelven irrelevantes cuando se evidencia que en los diferentes abordajes a estas cosas, los procesos destinados a estudiar, diseñar y modelar un objeto siguen prácticas similares, donde se enredan la observación con la intervención, el análisis con la experimentación. Surge entonces la pregunta de cómo podrían potenciarse – tanto en espacios educativos como investigativos – los entrecruzamientos entre lo métodos y sensibilidades del diseño y la arquitectura, con las formas investigativas de la sociología y antropología.

Estudiar un objeto evoca tanto un pensar con él mismo, al mismo tiempo un proceso de inventarlo y proyectarlo. Lo cual tiene consecuencias tanto para el objeto como para el estudiante. Pues se vuelve fructífero y estimulante el abrir la cocina de la investigación, el sincerar los afectos, contrariedades y deseos que involucramos a la hora de acercarnos a nuestros objetos de estudio, así como permitir a las cosas hablar por nosotros mismos. El límite entre tratar al objeto como instrumento y ser tratados nosotros mismos como instrumentos del objeto será siempre difuso.

Otro foco que reorientó la discusión sobre los desafíos de investigar con objetos, tuvo que ver la capacidad de los objetos y materialidades para adquirir cierta autonomía, intencionalidad o incluso indiferencia frente a los programas de investigación en los que se insertan. El debate giró en torno a si la invocación de los objetos con status político era el resultado de un “constructivismo metodológico” utilizado para el estudio empírico de ciertas materialidades, o más bien el desafío teórico-metodológico sigue siendo el cómo “acompañar” la voz de entidades y procesos más que humanos. La observación de los mundos no-humanos resulta un lugar común desde las ciencias duras, pero para las ciencias sociales sigue siendo un pendiente el cómo explorar y hacer sentido a esas Otras entidades no-humanas que afectan y actualizan la constitución de nuestra vida social.